miércoles, 8 de julio de 2009

CAPITULO CUATRO: El principio de todo o nada.

...Mañana empiezo a gustar a los demás.

Me desperté con el mismo pensamiento con el que me había acostado, con la triste sensación de tener una obligación, no sentía eso desde hacía mucho tiempo, me pesaban los hombros, los párpados y los pies, esta sensación la había tenido en multitud de ocasiones por lo que siempre les dejaba reposar el tiempo que creyeran oportuno. Hoy era un día diferente, hoy tenía que gustar a los demás, sacrificio, estética, hipocresía, valiente cobarde me dijo Juanito, y en eso me tendría que convertir, en un valiente cobarde.
Me incorporé del sofá, todo seguía en su sitio, el sofá polla como siempre intimidador, ahora le adivinaba además una mirada inquisitiva, me dirigí al baño, me lavé la cara, me senté en el trono, frío pero siempre dispuesto a tus sumisas órdenes, cogí del cenicero uno de los chichiriflautis medio fumados y le quité la vida por completo, sin contemplaciones, que sangre fría pensé. Todo listo, hoy era el día, el primer día de curro, las herramientas, necesito las herramientas básicas de un investigador como yo, así que a la vez que las enumeraba mentalmente las introducía en la mochila, mi segunda y última mochila, tabaco, dos mecheros, mi navaja Leatherman me la robaron, así que introduje mi otra herramienta Leatherman, unos alicates multifunción con todo tipo de accesorios, que bonitas son, al primero que intente robarme mis alicates pienso insultarle, en una ocasión tuve que renovar el carné de conducir y tuve una pequeña y absurda discusión con el guarda del edificio de tráfico, fue al pasar por el arco detector, yo con mis alicates multifunción en el bolsillo…

- Caballero, ¿puede usted sacar lo que lleva en los bolsillos?

- Todo?

- Si, todo.

- Igual no le gusta lo que ve.

- Por favor, sáquelo todo.

Dos mecheros, tabaco, monedas, un pedazo de costo, varios papeles de fumar arrugados, mi alicate Leatherman, un condón y de los bolsillos traseros innumerables papeles con innumerables anotaciones, grupos de música por explorar, libros que amar o despreciar, los horarios de las dependientas del super que están más buenas con sus datos de interés;

Pilar, 1,70, sin maquillaje, enseña el ombligo, receptiva, 7 alto.
Montse, 1,64, pescatera, buenos lábios, no enseña el ombligo, enseña el tanga, receptiva, impactante olor a pescadilla, 7 bajo….

- Caballero, no se pueden introducir armas en el edificio.

- Yo no tengo ningún arma, y en todo caso sea lo que sea lo que usted considere un arma, no pensaba introducirla a ella, soy yo el que pretendo introducirme y conmigo mis enseres.

- Caballero, lleva usted una navaja, esto es un arma.

Al tiempo que decía esto alzaba mi Leatherman con la mano izquierda, la derecha la apoyaba simultáneamente en su cinturón, a la altura de la porra, detalle que observé con más detenimiento y el cual me hizo reir, seguro que a Montse le encantaría que le comprara un cuarto de mejillones con ese uniforme y esa porra.

- No tiene gracia caballero, tendrá que esperar a que llame a la policía y responder unas cuantas preguntas.

- ¿Cuantas?

-…….no lo sé

- Debería conocer mejor su profesión, y le repito eso no es un arma, es un alicate.

- Arma.

- Alicate.

- Arma.

- Yo no tengo prisa, así que puedes bajar el brazo que te falta riego en la mano y no te vas a poder hacer más pajas.

- Yo tampoco la tengo caballero.

- Te aseguro que tienes más prisa tú que yo, llevas dos relojes, uno en cada muñeca, uno digital y otro de agujitas, estás desesperado por llegar a casa y jugar con esa porra que no sueltas, yo en cambio vengo aquí a renovar el carné de conducir, está caducado desde hace 3 años, no tengo coche ni intención de tenerlo, solo vengo hacer grandes colas para observar a la gente, sobre todo a las féminas, sale barato.

- Por favor, hay mucha gente esperando, ¿por que no hacemos una cosa? Me dejas tus alicates aquí y cuando salgas te los devuelvo.

- ¿Qué me das de garantía? ¿Me puedo llevar tu porra?

- No puedo hacer eso, de verdad, estoy trabajando entiéndeme.

- Tu radio, no te llama ni Blas.

- Venga toma mi radio y por favor acaba rápido.

Me divertí mucho ese día con la radio, hacía cola en las ventanillas de más afluencia, cambiaba la frecuencia y emitía mensajes de confusión a todo el que estaba al otro lado, tuve la sensación de ser un controlador aéreo, la gente se apartaba de mi, yo ganaba posiciones en la cola con una facilidad pasmosa, era como Valentino Rossi corriendo contra 45 vespinos, al llegar a la ventanilla le decía al individuo;

- Hola, buenos días, quiero que me den los datos del propietario de un coche con esta matricula B-8767-MJ. Todo esto lo decía con la radio puesta en la oreja y hablado por el micrófono, el individuo me miraba con cara de asombro y me decía que esa ventanilla era para gestión de multas, que para los datos era la ventanilla 9, entonces yo le respondía.

- Gracias, cambio y corto.

Y me iba a otra ventanilla, así pasé la mañana, aprendí mucho, desde entonces soy un experto en el manejo de radios. Al salir le cambié la radio al segurata por mi Leatherman, le dije que la teníamos que cambiar simultáneamente y con la mano izquierda señalando al techo, accedió, cambiamos las mercancías como en las pelis de mafiosos, pero yo le robé las pilas, eran alcalinas.

Había cargado todo lo que creía conveniente en la mochila, metí el ipod en mi bolsillo, que maravilla de aparato, 9435 canciones metidas en 9 centímetros cuadrados, lo único que me sabía mal del ipod es que tuvieran que convivir Joey Ramone con Johan Sebastian Bach, no me imagino a Joey poniendo letra y aceleración a los conciertos de Brandenburgo.

Entré en mi segunda casa, ya me notaba cansado antes de empezar pero supongo que es una condición de toda obligación.

- Buenos días Juanito, tienes peor cara que ayer y eso se refleja también en esos callos que tienes en el mostrador, por dios parece que se están dando por culo y que no le gusta a ninguno de los dos beneficiarios, en el caso de que haya alguno. Bueno de todas formas ponme un platito y una cañita anda, mientras te hago unas cuantas preguntas.

- Empiezas bien tu investigación, pidiendo, no se si estoy muy de acuerdo en lo que ayer hablamos.

- Me desdigo Juanito…..impresionantes estos callos, ¿marcha ya la cañita? Tú tranquilo, una semana Juanito una semana y tienes a Charo aquí de nuevo contoneandose entre las mesas.

- Dime Juanito, si no tengo mal entendido ella es una pobre hija explotada a la que le pagas sus estudios de derecho pero no le pagas las horas que echa en el bar ¿no?

- Serás cabrón, oye Mac déjate de hostias sabes perfectamente que necesitamos de su ayuda para pagar sus estudios, incluso ella lo entiende.

- No te enfades hombre, parece mentira que no me conozcas, ¿en casa falta algo? Quiero decir ¿has notado debajo de la baldosa que te falte pasta? ¿Ropa de su armario? ¿una maleta? ¿comida en cantidades importantes? Algo no se….

- No, no falta nada que nos hayamos dado cuenta, bueno, una cosa pero es una gilipollez aunque mi mujer dice que algo tendrá que ver, teníamos un costurero encima del mueble del salón, era de su abuela, no se guardaba nada de valor, pero llevaba años ahí arriba hasta que desapareció con Charo.

- Interesante….

- Interesante tú, los aires que me has cogido desde que te he encomendado esto, que más bien lo hice para ayudarte y no verte el pelo.

- Juanito, Juanito, vamos a calmarnos mientras me pones un carajillo de magno, bueno con eso por ahora tengo bastante, si notaras que falta algo más en casa, por insignificante que a ti te parezca ya sea un rifle de 8 cañones o algo por el estilo, tú me avisas eh! Juanito. Ah! Ya se que no estaba en el trato, aunque sabes que va implícito, necesito algo de pasta para desplazamientos y gastos varios, prometo traerte los resguardos.

Después de 15 minutos de acalorada discusión, yo por los callos que picaban como mosquitos tigre y él por tener que soltarme pasta, salí de mi segunda casa, lo primero que haría era ir a la facultad de derecho y enterarme con quien se juntaba normalmente, a la vuelta pasaría por la frutería del barrio, allí trabajaba Irene, amiga suya del barrio desde la infancia, las dos habían perdido la virginidad juntas, se follaron a un empleado que trabajó temporalmente en la frutería, trabajó hasta el día que pilló al empleado en pleno énfasis sexual con su hija Irene, nada más y nada menos que encima de unos sacos de patatas gallegas, su producto estrella. Las dos, Charo e Irene, se follaron al trabajador en la trastienda, le regalaron su virginidad y sus kilos de pasión retenida, siempre envidié a ese cabrón, a mi no me habían regalado ni unas simples cerezas en los muchos intentos por saborear sus dulces frutas. Me subí en el metro, dirección a la zona universitaria de la Ciudad Condal, el ipod me regalaba estrofas y guitarras de los Ramones, su frenética batería me aceleraba el pulso y me tranquilizaba el alma, en unos minutos estaría en el principio de todo o de nada.

1 comentario:

  1. Por fin !! Cuánto echabamos de menos a ese Mac!!

    Un caluroso abrazo desde una terraza de Paris, con una tapa de chocos y una cañita fresquita.

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