jueves, 23 de julio de 2009

CAPITULO OCHO: Fran, el imitador de Michael Jackson.

- ¿Bueno llamamos un taxi y nos vamos a Castelldefels?

Miguel asintió, asintió por no llorar.

- Miguel hombre no pongas esa cara, los trabajos de educación están dando sus frutos, es mucho mejor asentir que llorar.

Seguía asintiendo, parecía un conejo de duracell practicando una felación completamente erguido, tenía que afianzar otro aspecto en Miguel de vital importancia, ambos nos necesitábamos y precisaba de su confianza, por ahora no la tenía ganada, ni él tampoco pero la diferencia es que yo jamás confiaría en él, me costaba mucho confiar en la gente que había conocido en tan poco tiempo, sobre todo en la gente que había conocido en tan poco tiempo a la vez que se chivaba a otro tío de que le comía los morros a su novia, pensé largo y de pié en la forma de afianzar la confianza, después de 5 segundos saqué mi mano izquierda de mi cazadora y con un movimiento rápido le agarré el paquete en toda su extensión.

- ¿Qué haces tío?

- Miguel, no soy maricón, ¿confías en mi?

- ¡Como que no lo eres! ¿Y esto?

El tenía intención de dar unos pasos atrás, pero mi mano era una mano de presa, imposible de soltarla si no era por desgarro, lo entendió al primer intento de retroceder, supe que lo entendió por que rápido dio el mismo paso hacia delante, miraba de un lado a otro, sabía perfectamente que pronto entendería que debía confiar en mi ciegamente, era cuestión de tiempo y paciencia.

- Miguel, tienes que confiar en mi.

- Pero tio, por favor, suéltame confío en ti te lo juro…

- Por ahora no lo haces Miguel, pero debes hacerlo, debes confiar en mi, vamos a estar mucho tiempo juntos y debes confiar en mi, en lo que diga, haga o te ordene, todo tiene un por qué…..¡¡Oye!! ¡¡Se te está poniendo morcillota bandido!!

- No, no, no es cierto….

Al tiempo que Miguel intentaba excusarse de su más que normal excitación, fruto del innato encanto de mi mano izquierda, salió Fran del restaurante, su respiración entrecortada, intensa y ruidosa ayudaría a mi cometido. Si su tacto a la hora de preparar las mesas era femenino, su plante y sus formas fuera de las fronteras del restaurante eran el de una loca de la noche.

- Hola chicos….perdonad…..

Miguel y yo estábamos uno al lado del otro, mirando hacia la calle y Fran nos abordó por la espalda mientras reclamaba nuestra atención, aún no se había percatado de lo que me traía entre manos, sobre todo de lo que me traía en la mano izquierda, tenía que captar su mirada a mi mano izquierda y a la polla del centro de Miguel.

- Fran perdona, ¿puedes reclamar a aquel taxi que viene por allí?

- Claro que si, faltaría más….

Dio entonces unos pasos hacia delante, se puso al lado de Miguel, parecíamos los tres tenores, pero el único que tocaba la flauta era yo, al tiempo que alzaba la mano para reclamar al taxi se le cayó la mirada como era de prever al paquete de Miguel, su sorpresa era mi mano izquierda, la derecha también le hubiera sorprendido, pero menos. Se quedó con la mano alzada y la mirada caída al tiempo que el taxi se aproximaba.

- Fran corazón pareces Michael Jackson finalizando uno de sus bailes…

Fran no decía nada, ahora era como la estatua de cera de Michael Jackson finalizando uno de sus bailes, retiré la mano del paquete de Miguel al tiempo que el taxi paraba frente a nosotros.

- Fran, ¡Fran mirame! Lo siento mucho, ya me di cuenta en la comida la especial atención que le brindabas a Miguel, pero es mi pareja, siento que lo hayas averiguado así…

- No pasa nada….

Abrí la puerta del taxi, miguel entró como entran los niños a los autodechoques. Yo miraba a Fran a los ojos, unos ojos brillantes, el pobre se había prendado de él y el ingenuo de Miguel no se había enterado de nada. Alzó la vista hasta la altura de la ventanilla perdiéndose más allá de ésta, miguel miraba al frente como un soldado raso cualquiera, satisfecho por mi apretón de polla, esperando que yo entrara al taxi para marcharnos de allí cual desfile de legionarios que se olvidan a la cabra en el borde de una acera. Miré por última vez a Fran, de su mano caía un papel arrugado, impotentemente arrugado, se giró y entró de nuevo a los confines de la sobriedad abandonando el de la locura, lo atravesó llorando, estaba claro que era un sentimental, una vez entró me dirigí al taxista.

- ¡Perdone! Pare un momento. Anduve de nuevo dirección al restaurante y recogí del suelo el maltratado papel que Fran había abandonado en el suelo, corrí hacia el taxi y me senté jadeante al lado de Miguel.

- Tire, tire, a calle Balmes con diagonal.

- Pero no íbamos a Castelldefels?

Le extendí la nota mientras le recordaba que nuestro fiel amigo Golfo seguía en su maravillosa morada exquisitamente abandonada.

“Hola Miguel, el brillo de tus labios y la tristeza de tus ojos me han hablado, me han dicho que deberíamos conocernos para que tus ojos luzcan la misma hermosura que tus labios. Tengo tú teléfono, me quedó guardado en el teléfono del restaurante, el mío es 612 45 34 2X, si quieres llámame, estaría encantado de que quisieras, si no es así….siempre te puedo llamar yo, creo que debemos conocernos”

Miguel se quedó con la mirada clavada en el papel, pero la mirada miraba más allá de él, sabía que estaba entendiendo mis actos, por muy absurdos que parecieran.

- ¿Confías ahora más en mí? Fran se hubiera convertido en una loca perseguidora, pero no te preocupes, no te llamará.

- Gracias Mac.

- De nada hombre, para que estamos los amigos. Oye ¿por qué no dejamos el taxi en tú casa y cogemos un coche de los que tienes en el garaje?

- ¿Como sabes que tenemos coches en el garaje? Creo que te confundes Mac.

- Miguel, miguel, te conozco como si te hubiera parido, por cesárea, pero parido al fin y al cabo, sabes que no me puedes engañar y te he reconocido la mentira por tú timbre de voz, por el timbre y por que tienes un vacía bolsillos al lado del teléfono de casa con por lo menos 4 juegos de llaves, indudablemente de coches.

- Mac….por favor, me puedo meter en un problema.

- ¿De veras te preocupa eso? Ponlo al final de tú lista de problemas, mientras tanto vamos en coche y nos ahorramos una pasta.

Llegamos a Diagonal con Balmes, le pagué al taxista con los fondos reservados, reservados por mí, caminamos los cincuenta metros que separan la confluencia con el portal de su casa y al acercarnos vimos un coche y un furgón de los Mossos d´Esquadra, con sus bombillas girando y deslumbrando aún siendo de día.

- Mira Mac, están delante de mi casa, ¿Qué habrá pasado?

- Pues Miguel creo han intentado entrar en tú casa, no te pongas nervioso, entramos en casa como si nada, si te preguntan yo soy tú primo, intentaré hablar yo, sobre todo no me contradigas en nada de lo que diga.

- Pero….¿como sabes que es en mi casa?

- Tranquilízate y haz como si te sorprende, aunque no tendrás que fingir mucho, sé tú mismo.

- Hola Buenos días, ¿donde se dirigen por favor?

- Hola, vamos al 4º A. - ¿Son ustedes los propietarios?

- Pues mire agente en cuarta o quinta línea de consanguinidad si, pero en primerísima línea de salida para quedárselo todo está mi primo, Miguel. ¿Por qué lo dice Sr. Agente?

- Llámeme Agente por favor.

- Perfecto Sr. Agente.

- Agente.

- ¿Que rango tiene?

- Agente

- Perfecto Sr. Agente es usted un Agente de los que ya no hay, con dos bolígrafos en el bolsillo, nunca se sabe lo que puede suceder, la ciudad Condal está llena de maleantes sin bolígrafo que se lo piden para hacer un parte amistoso y se lo birlan en un santiamén.

- Que razón tienes. Bueno chicos os tengo que decir algo, os han intentado entrar a robar, posiblemente habrá sido algún yonki, pero no os preocupéis al oir los ladridos de un perro ha salido corriendo escalera abajo, al tropezar con el portero, el Sr. Bernardo, ha seguido bajando las escaleras pero ya no corría, rodaba, aunque eso no le ha impedido levantarse de nuevo y huir.

- ¿Quieren tramitar una denuncia?

- Si por supuesto que si, ¿verdad Miguel?

- Si..

- Bueno si no le importa, subiremos un momento a casa y les acompañamos a la comisaría, nos llevaran ustedes ¿no?

- Si caballero, nosotros le llevamos a comisaría.

- Llámeme Escudero.

- ¿Cómo?

- Nada Sr. Agente.

El Sr. Agente se giró con el orgullo de quien posee dos bolígrafos y se dirigió al furgón, agarré a Miguel del brazo y nos metimos en el ascensor, no decía nada, seguía metido en su mundo, en un mundo fácil, muy fácil. Entramos en casa y al cerrar la puerta le zarandee hasta que me miró y noté que salía del mundo de gominolas de colores y condones de sabores.

- Miguel, solo han jodido algo la puerta, esto no ha sido un yonki, seguramente es alguno de esos capullos de la universidad, y te aseguro que son unos capullos, a quien cojones se le ocurre intentar abrir una puerta de este calibre con una palanca, es un gran alivio toparse con maleantes así. Ahora iremos con los mossos y pones una denuncia siempre tendrán más vigilada esta zona, a los pijos no les gustan los yonkis que quieren entrar en su casa con una palanca.

- Pero mis padres no se pueden enterar..

- Se enterarán, pero no hasta que no estén aquí, no pasa nada por que se enteren y mucho menos cuando se enteren de que pusiste una denuncia. Cojo unas llaves de cualquier coche, al azar, lo cierto es que no me van mucho los coches así que me da lo mismo.

- Bien, entonces coge el todoterreno, es el más viejo.

- Vale vale no te preocupes, están en el mismo garaje que bajo este edificio ¿no?..

- Si, pero bueno tú me acompañas a comisaría ¿verdad?

- Claro hombre, oye Miguel saca al pobre Golfo de la terraza que se viene con nosotros,después de salir de comisaría nos pasaremos por Castelldefels.

Cogí unas llaves del vaciabolsillos, le había engañado, los coches me encantaban, así que el todo terreno se quedaría en el garaje, cogí unas que ponía algo así como Porsche, el subconsciente es muy hijo de puta y te traiciona de esta manera, pudiendo coger un BMW, un RANGE ROVER un MERCEDES o un PORSCHE, va y se declina por el Porsche, que cabrón. Bajamos en el ascensor sin terciar palabra, notaba a Miguel más extraño de lo normal, pero lo podía achacar a la inminente visita a la comisaría, aunque no era un tipo que pareciera ponerle nervioso la comisaría, tenía una vida muy fácil y bonita como para saber que si entras en comisaría te puedes ir con algún insulto fácil, algún sutil porrazo o alguna impagable denuncia. Llegamos a comisaría y Miguel no abrió la boca en todo el recorrido, yo tampoco, me encantó escuchar la radio de los mossos, su lenguaje, que se creen que es en clave y cualquier crío de primaria habiendo jugado un mínimo a la Play lo descifra sin pestañear. Al entrar a comisaría el Poli bueno nos dijo que le acompañáramos, y así hicimos, al pasar por el típico arco detector de metales y amenazas otro poli que custodiaba el arco, como si el arco fuera a escaquearse de sus quehaceres se dirigió a nosotros.

- Por favor depositen todos los objetos que lleven encima en esta bandejita.

Miguel depositó un bolígrafo bic cristal, era poco atrevido, yo hubiera llevado un bic naranja, unas llaves, su cartera, un paquete de clinex marca clinex, unas monedas, ningún billete, los billetes los gestionaba yo y nada más. Yo me di cuenta de que no debía sacar todo lo de los bolsillos cuando ya estaba casi todo depositado en la bandeja, unos alicates multiusos Leatherman, unos 20 gramos de hachis, un envoltorio de camel repleto de marihuana AK47, ¿Habrá alguna persona que cobre por ponerle nombre a la marihuana? Yo de mayor quiero ser “pone nombres a la marihuna”. Mientras reflexionaba sobre estas cuestiones de suma importancia el guardián del arco metálico arqueaba las cejas a la altura del arco, el tipo medía un metro noventa y pico por lo que no le resultaba muy complicado, yo hubiera tenido que saltar como Michael Jordan, si no más.

- ¡Charli, Charli! Preciso de activos en la entrada 1.

Sobre el arco rezaba un cartel “ENTRADA 1”.

- Hola Sr. Agente, me llamo Mac, supongo que esta es la entrada 1 por que has leido “ENTRADA 1” en el cartel que está en su arco protectorado.

- Disculpe, retírese del arco, no se mueva y espere mis indicaciones.

- Me pica la oreja, voy hacer un moviendo lento, haga el favor de no desenfundar, su cintura esta a la altura de mi frente, o casi.

- ¿Me puede decir que es esto que hay en la bandeja? - ¿Me lo pregunta en serio? 20 gramos de hachis, un chivato de marihuana, AK47, ¡la marihuana eh! Y unos alicates multifunción.

- Oiga esto es droga y esto otro un arma.

- ¿Usted no tendrá un primo, aunque sea lejano, que trabaja de guardia de seguridad en tráfico no?

- No.

- Ah. Esto que ve usted delante suyo no son drogas ni armas. Además oiga yo venía a la comisaría siendo el bueno.

- Pues ahora es usted el malo y le voy a tener que denunciar.

- Pues hágalo, pero que sepa que es usted un maldito cabrón, mas cabrón que maldito, y estoy seguro que sería mejor persona si no estuviera preso en su matrimonio, por que no me lo niegue, está recluido en este puesto de mierda custodiando un arco por que no tiene motivación alguna, y en este cuerpo me temo que con contar hasta 47 ya le ascienden, no lleva anillo de casado pero en cambio si la marca de que se lo ha quitado antes de empezar su curro de mierda, ese planchado impoluto, ese peinado ordenado, esos pelos de la nariz recortados, su mujer podría ser sargento primero en cualquier cuartel pero para su desgracia lo és en su casa, es más, creo que se folla a alguna de estas compañeras que corretean por aquí, denúncieme, yo estoy en paro y soy muy observador ya le comentaré a tú Mari que bien te lo pasas en el trabajo.

- Por favor, le puedo detener y retener el tiempo que quiera en esta comisaría con el pretexto que me venga en gana.

- Hágalo, estoy en Paro, y soy muy observador.

- Voy a dejar todo esto en una bolsa y en una de aquellas taquillas, al salir pídame la llave de la taquilla y no le quiero ver el pelo nunca más.

- Soy calvo.

- Pase y cállese ya.

Al girarme Miguel no estaba, había recogido sus cosas y se había ido, por el arco custodiado no había pasado, mire por todas partes pero no lo vi, le dije que me diera la bolsa y se quedara la llave, el poli me la dio con cara de acojonado, se sentía cómplice de un delito, pero le tenía más miedo a su Mari. Salí a la calle en busca de una cabina telefónica, la encontré rápido, al tercer tono me respondió Miguel, su voz pausada, sin distorsiones de fondo.

- Mac ahora no puedo hablar, llámame en una hora. Colgó, me desconcertó, me senté en un banco y pensé mientras me liaba un chichiriflauti, la tarde empezaba a saludar.

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